Porque quieres el cumpleaños perfecto y no volverte loco/a. ?

Hace un par de años mi marido y yo organizamos la fiesta de cumpleaños definitiva para nuestra hija. Cumplía cuatro años. Y nos pareció vital que tuviera la celebración más legendaria del barrio. Decidimos hacerlo en el patio de la urbanización. Invitamos a toda su clase. Pensamos que vendrían unos pocos porque pedíamos que vinieran disfrazados. Aceptaron todos. Un amigo nos imprimió las invitaciones de cumpleaños. Eran divinas. Salía la cara de nuestra pequeña con el cuerpo de Elsa (de Frozen, claro). Cuando revisamos los invitados nos dio un patatús. Eran como 35 niños con sus 70 padres. Aquello iba a parecer una boda más que un cumple.

Mi marido lo quería solucionar con un kilo de ganchitos y una nevera llena de cervezas y naranjadas. Pobre iluso. Como me recuerda todos los años, sólo me faltó pedir presupuesto para una calesa y fuegos artificiales.

El primer paso fue elaborar un menú de lo que se iba a servir. Preparé un precioso puesto pintado en blanco de frutas frescas. Al lado habría una enorme mesa con todo tipo de tentempiés fríos y calientes. Claro, tuvimos que contratar a una señora que nos ayudara a cocinar las cosas y las fuera bajando de casa. Pusimos un puesto de mojitos, cervezas, vino, refrescos para los peques. En fin, esto nos llevó días diseñarlo y kilómetros para él para comprarlo.

Además, estaba la decoración. Nos pasamos semanas pintado cajas de cartón para que parecieran coches de carrera. Que fueron destruidas en unos minutos, por supuesto. Hicimos un photocall a mano para que todos metieran la cabeza y parecieran personajes de Frozen. Había un castillo hinchable, piscina de bolas, teatro para niños y vinieron Ana y Kristoff. Globos, guirnaldas, un toldo casero por si llovía con estética medieval. Aquello parecía Arendelle.

¿Y qué ocurrió? Que todavía nos cuesta acordarnos exactamente de qué pasó o quién vino. No paramos desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada que mi marido tiró las últimas bolsas de basura. Y lo peor de todo. ¡Casi nos dejamos a nuestra hija y sus amigas en el patio de la urbanización!

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