Desmontando los comentarios más cuñaos sobre fiestas infantiles

Tú amas a tus hijos más que a nada en este mundo.

Yo lo hago

Tú lo haces.

Aún recuerdas la primera vez que te pusieron ese bebé tembloroso en tus brazos. Recién nacido. Y supiste en ese mismo instante que en adelante darías todo por él.

Y llega ese momento en que hay que celebrarle sus primeros cumpleaños. Quieres que esa cosita que tú más quieres se lo pase genial, con mucha fiesta, colores, colegas y de todo. Calesas, fuegos artificiales y Blancanieves y Ironman bajando desde el cielo en un arcoiris mutante. Castillos hinchables, comida rica, muchas risas.

Un guiñol, que les flipa el teatro y las buenas historias.

Mola.

Mucho.

Pero hay gente que son como el grinch de la vida. Todo está mal. Que estos cumpleaños ya parecen comuniones y las comuniones bodas. Y las bodas son para perdedores. Que no haya celebraciones, caray, que la alegría ajena les hierve la sangre.

Te contaré una cosa que he observado. Estos haters o no tienen hijos y serían capaces de ponerle un piso a su yorkshire mientras gritan al mundo que los niños deberían celebrar sus cumpleaños encerrados en casa, o bien no tienen la pasta o los arrestos para montar un tinglado de los buenos.

De esos que recuerdan niños y grandes.

De los que llevo años y años organizando y animando.

Si quieres dejarte arrastrar por ese submundo de amargura de los cuñaos anti fiestas, pasa de mí.

Si quieres un fiestón memorable, único e irrepetible, aquí.

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